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La Sabiduría de Salomón

(Sb 7,13-21)


En el texto anterior leíamos que la Sabiduría trae todos estos bienes (Sb 7,12). Pues ahora, el autor de nuestro libro va a detallar otros bienes que también vienen junto con la Sabiduría. Allí hacía referencia a las riquezas. Aquí va a hablar de los conocimientos. Y acabará el párrafo con una expresión parecida: la Sabiduría, artífice de todo, me lo enseñó (Sb 7,21).


Léelo, muchas cosas buenas que la Sabiduría lleva consigo. Te lo cuenta el mismo Salomón. Escúchalo con atención.

 

Sin engaño la aprendí, sin envidia la comparto

 y no escondo sus riquezas; 

14porque es un tesoro inagotable para los hombres:

 los que lo adquieren se ganan la amistad de Dios,

 pues los dones de la instrucción los recomienda. 

15Que Dios me conceda hablar con conocimiento

 y tener pensamientos dignos de sus dones,

 porque él es el mentor de la sabiduría

 y el adalid de los sabios. 

16En sus manos estamos nosotros y nuestras palabras,

 toda prudencia y toda inteligencia práctica. 

17Él me concedió la verdadera ciencia de los seres,

 para conocer la estructura del cosmos y las propiedades de los elementos, 

18el principio, el fin y el medio de los tiempos,

 la alternancia de los solsticios y la sucesión de las estaciones, 

19los ciclos del año y la posición de las estrellas, 

20la naturaleza de los animales y el instinto de las fieras,

 el poder de los espíritus y los pensamientos de los hombres,

 las variedades de las plantas y las virtudes de las raíces. 

21He llegado a conocerlo todo, lo oculto y lo manifiesto,

 porque la sabiduría, artífice de todo, me lo enseñó. 

 

Riquezas, tesoros, dones. Todo eso lo proporciona la Sabiduría. Esto es lo que encontramos al principio del texto que acabas de leer (cfr. Sb 7,13-14).


A continuación, hace el autor como un parón. Pide al Señor ayuda para poder pensar y hablar según la misma Sabiduría (Sb 7,15-16). Está hablando de la enumeración que va a hacer a continuación de dones que ha recibido. Y está hablando también del elogio de la Sabiduría que va a hacer inmediatamente después, en cuanto acabe este párrafo.


Pero personalmente creo que hace referencia al gran texto de este libro, que vamos a encontrar en el capítulo 9. Tampoco me voy a adelantar, no te quiero contar el final de la película. “Spoiler”, creo que lo llaman ahora.


Y después del parón nos cuenta esos tesoros que la Sabiduría le concedió. Otra vez, una más, una estructura en tres partes, la primera se corresponde con la tercera, y en el centro el texto más importante. Pero esto ya te lo sabes, lo hemos visto tantas veces ya.

En este caso los dones de la Sabiduría son conocimientos. Por el texto de 1Re 5,13 sabemos que Salomón tenía un saber enciclopédico de todas las ciencias humanas de entonces. Aquí hace una descripción de ellas. Las pone ordenadas en cinco parejas. Primero hace una afirmación general y a continuación concretiza en un saber particular dentro de ello. Los seres inertes, los animales, los seres espirituales y al final las plantas.


Hay quien ha visto en la afirmación: los poderes de los espíritus (Sb 7,20) una alusión a una capacidad de Salomón como exorcista, capaz de expulsar de los hombres a los espíritus demoníacos. Quizás el texto sea demasiado genérico como para hacer referencia en concreto a ese tipo de espíritus.


Una última cosa te digo sobre este texto. Hablando de los bienes que la Sabiduría produce en los que la reciben se habla de la amistad con Dios (Sb 7,14). Más adelante, casi al final del elogio de la Sabiduría, que es lo que viene después de este texto, hablará de amigos de Dios (Sb 7,27).


Salomón se llamaba así porque ese nombre se lo pusieron sus padres. Pero tenía otro nombre, el verdadero, el que Yahveh le puso. Yahveh lo amó. Y envió al profeta Natán y le puso por nombre Yedidías, por orden del Yahveh (2Sm 12,24-25). Y ¿qué significa Yedidías? Pues precisamente “amado por Yahveh”. Ese es el verdadero nombre de Salomón.


Todos los que acogen la Sabiduría se convierten en amados del Señor. Se convierten en Salomón. El rey sabio es figura de todo sabio. No solo es un personaje histórico del pasado lejano, sino que es modelo de todo lo que Dios puede hacer contigo si dejas que su Sabiduría entre en ti.

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