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Por qué el primer anuncio


En los últimos años, y el Papa Francisco lo destaca cada día más, se está llamando a la Iglesia a renovar la Evangelización, buscando mostrar la noticia del amor a todas las gentes del siglo XXI. El mensaje es el mismo: Dios es Amor, Cristo es Dios Encarnado y ha muerto por nuestra salvación, para tener vida eterna, por todo hombre y mujer del mundo y de toda la historia. La misión no ha cambiado: Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28, 19-20). Incluso las inquietudes de la gente son las mismas, con los mismos problemas, sueños, esperanzas, desilusiones. ¿Qué ha cambiado, entonces? ¿Por qué hablar de Primer Anuncio y de Nueva Evangelización? ¿Por qué es necesario ese Primer Anuncio?

Es necesario, entre otras muchas razones, por las dinámicas que se generan entre los diferentes sujetos con los que cada persona es susceptible de relacionarse. Por eso voy a hacer un brevísimo análisis, tomando algún elemento de psicología, sociología y, por supuesto, de espiritualidad.


Para empezar, este Primer Anuncio es necesario para nuestra relación con nosotros mismos. Hace poco escuché en una charla que el principal objetivo del Primer Anuncio no era tanto que se llenaran las iglesias (que no estaría mal), sino que los que estamos dentro tomemos conciencia de que hay que salir. Es Primer Anuncio porque, muy probablemente, nunca hemos salido a anunciar. Y es que esto de anunciar el Evangelio da vértigo. Requiere salir de la zona de confort. Estamos mucho más cómodos cuando todo se nos da hecho, cuando nos dedicamos a recibir y nos sentimos calentitos en casa. Salir a anunciar supone tener que exponerse ante una sociedad que puede mostrarse hostil ante nuestra propuesta. Supone tener que formarse a conciencia y en conciencia para poder dar razón de nuestra fe. Pero todo este también supone un gran crecimiento interior y madurativo. Es un ejercicio de responsabilidad y de valentía. Es Primer Anuncio para mí mismo.


En segundo lugar, el Primer Anuncio es necesario en nuestra relación con las demás personas. Los cristianos conocemos la Verdad, que es Cristo, y sabemos la gran diferencia que supone en nuestras vidas. Por eso, por amor, debemos proponerlo siempre. No hablar de Cristo no es una muestra de respeto, sino de cobardía. Porque queremos al otro, debemos proponerle nuestra fe, y proponer no es imponer. ¿Cómo va a estar nadie peor conociendo a Jesucristo? Como dice el Concilio Vaticano II, el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado (Gaudium et Spes 22). Cristo es la respuesta que necesita el corazón de cada hombre y mujer del mundo. No podemos olvidar que cada alma es creación directa de Dios. Quizás, con nuestro primer anuncio, alguna persona se encuentre con su Padre. ¿No es emocionante? Y por este motivo es necesario el Primer Anuncio.


Finalmente, es necesario el Primer Anuncio en nuestra relación con Dios. Como he mencionado arriba, la evangelización es el último mandato que Cristo nos deja. Si lo llevamos a cabo, nos colocamos en una posición de obediencia de la criatura frente al Creador; es decir, ocupamos el lugar que nos corresponde en la naturaleza, en humildad; en contraste con nuestros primeros padres, que decidieron prescindir de Él. Además, implica confianza plena en Él, porque nos envía “como corderos en medio de lobos” (Mt 10, 16), según sus propias palabras. Por otra parte, el mismo Jesús nos anima a no preparar nuestra defensa, porque el Espíritu Santo hablara por nosotros (Mt 10, 20). En este caso, hace falta también intensificar la oración, para obtener todos los beneficios y gracias que de ella se derivan. Y hablando en positivo, anunciar el Evangelio es una gran alegría, honor y privilegio, ya que estamos participando de la misma misión y vida de Jesús: he venido a evangelizar a los pobres (Lc 4, 18). Y todo el que no conoce al que es el AMOR, vive en la más absoluta indigencia.


Por todo esto, se puede concluir que, no solo es necesario el Primer Anuncio: es vital, urgente, enriquecedor y nos ayuda a crecer con respecto a nosotros mismos, al prójimo y a Dios. Es un regalo para cada uno de nosotros. ¿Lo abrimos?

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