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De lo visible y de lo invisible

El libro del Génesis nos presenta a un Dios creador del universo y creador del hombre.


En los dos relatos que conservamos siempre es Dios el que toma la iniciativa y emprende unas acciones que permiten la vida. No sin dificultad tiene que vencer, en un primer momento, al caos, a la nada, a las aguas torrenciales, en definitiva, a la no existencia. Dios siempre sale vencedor en su lucha y comienza, en un segundo momento, a ordenar y a separar para que cada realidad esté en el lugar que le corresponde: los cielos; arriba, la tierra y las aguas; abajo. En un tercer momento, Dios ornamenta lo creado con la vegetación, los peces, las aves, los animales y al hombre, este último, creado a su imagen y semejanza. Dios culmina su proyecto con la creación del hombre bendiciéndolo y haciéndolo responsable de todas las cosas creadas.


La creación de lo visible y de lo invisible nos recuerda que el deporte y todo deportista necesita un orden. El jugador que es ordenado en su vida consigue progresar y sentirse realizado; en cambio, el que vive en la anarquía y el caos, más antes que después, renunciará, tirará la toalla y perderá una gran oportunidad de ser válido para el deporte.


El jugador que sabe gestionar el triunfo y la derrota, un estado óptimo de forma y una lesión, las titularidades con las suplencias, se asemeja, en cierto modo, al Dios que separa y sabe dar a cada realidad su sitio, su sentido y su importancia.


Por último, el jugador que enriquece su vida con valores como el sufrimiento, el esfuerzo, la humildad, el compañerismo, está embelleciendo su deporte y está reflejando con su vida la idea de un Dios que ornamenta y enriquece el mundo que él ha creado.

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