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Ahora mismo te lo explico

(Sb 6,22-25)


Estamos ya acabando el exordio. Es el último esfuerzo por despertar en el lector el deseo de conocer a nuestra amiga, la Sabiduría. Acabamos de decir que lo más importante, lo único necesario, es eso precisamente, deseo, amor por ella.


Éste es el último llamamiento. Estad muy atentos a mis palabras, nos dice el texto, porque lo que te voy a decir te puede cambiar la vida. Lee el texto. Déjate impresionar por él. Fíate de lo que te está diciendo. Porque es cierto. Te puede cambiar la vida lo que vas a oír.

 

Os explicaré qué es la sabiduría y cuál su origen,

 sin ocultaros ningún secreto,

 sino que la rastrearé desde su origen,

 esclareciendo lo que se conoce de ella,

 sin pasar por alto la verdad. 

23No haré camino con la envidia corrosiva,

 pues nada tiene que ver con la sabiduría. 

24Abundancia de sabios salva el mundo,

 y un rey sensato da bienestar al pueblo. 

25Así pues, dejaos instruir por mis palabras y sacaréis provecho.

 

Te voy a contar enseguida qué es y de dónde viene la Sabiduría. Es un párrafo que trata de producir sentimientos favorables en el que lo está escuchando. Por ello es tremendamente positivo.


Pero también están presentes los enemigos, esos que quieren apartarte, quieren que cierres tus oídos para que no puedas escuchar el mensaje que te van a dar. Atentos sobre todo a la envidia (cfr. Sb 6, 23), ella no tiene nada que ver con lo que estamos hablando.


De modo implícito hace referencia a otros enemigos. En Sb 6,22 se habla de “misterios”, “ningún secreto” dice la traducción oficial que estamos usando. Este término puede tener un sentido amplio, como el que tiene habitualmente en nuestra lengua, algo desconocido. Pero sirve también para hacer referencia a un mundo religioso muy complejo, lo que se suele llamar cultos o religiones mistéricas.


Son unos grupos que afirman tener unos conocimientos exclusivos a los que sólo acceden sus miembros. Es un mundo de ritos iniciáticos, de grupos secretos, cultos exclusivos. Sólo unos pocos, después de haber superado unas duras pruebas, pueden avanzar en el camino que los llevará a unos conocimientos salvadores.


Aunque para nosotros nos suene algo muy lejano, para los destinatarios originales de este libro es algo muy habitual. En la Alejandría de la época estos cultos crecían mucho y con cierta frecuencia aparecían otros nuevos.


Algo muy diferente de nuestra amiga, la Sabiduría. Para alcanzarla sólo hace falta una cosa, lo hemos visto, amarla como ella se merece. Y otro enemigo se puede esconder detrás de una expresión aparentemente inocente: abundancia de sabios es salvación del mundo (Sb 6,24). Sabemos por otras fuentes que Octavio Augusto, al que ya conoces porque hemos hablado de él mucho, se llamaba a sí mismo “salvador del mundo”. La verdad es que la humildad no era uno de sus puntos fuertes.


Los que van a salvar al mundo son aquellos que se dejan llevar por nuestra amiga. Los demás llegará un momento en que serán despojados de sus tronos, ya lo sabemos.

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