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Cristoincidencias

Soy María, estudiante de Medicina y cristiana. Siempre he estado en un Colegio católico donde la formación integral de la persona y la formación académica iban de la mano. Llegaba una nueva etapa, la universidad. No sabía qué encontraría, si habría gente como yo, que compartiese mi fe e inquietudes. Llegó el día de la presentación del curso académico donde por primera vez vi a mis compañeros. Y como siempre, no fue una coincidencia, sino una “Cristoincidencia”.


Ese día conocí al que ahora es uno de mis mejores amigos de la carrera, que me habló de la Hospitalidad de Lourdes, me dijo que él tenía ganas de ir a la peregrinación diocesana y que seguro que a mí también me gustaría…


Fue pasando el curso, y seguía el Covid, el cierre perimetral, el toque de queda…, finalmente, fue en junio, al acabar el curso, cuando pude conocer más en profundidad la hospitalidad joven… allí encontré (o mejor dicho, encontró la Virgen María para mí) un grupo que como su nombre indica, les caracterizó su hospitalidad conmigo, en un día ya me sentía como si hubiese formado parte de ellos siempre. Eran jóvenes de mi edad, universitarios, que compartían conmigo lo más importante de mi vida, la fe, el amor a Dios y a Nuestra Madre. Hablaban de Lourdes como “un trocito de cielo en la Tierra” con una sonrisa y unos ojos de verdadera felicidad al hablar de aquel lugar y de los enfermos… verles contar todas las historias de peregrinaciones anteriores con una alegría que solo puede venir del Señor, era algo indescriptible y solo hacía que yo tuviese más ganas de compartir esa experiencia de vida, pero a causa de la pandemia, ese año no iba a haber peregrinación…


Llegué a 2º de carrera, fue un año muy duro, pero estoy segura que la Virgen quería que fuese ese año a Lourdes, y así fue, pese a las dificultades aprobé todas las asignaturas. Llegó junio, y con mucha ilusión, preparé el viaje, el uniforme de hospitalaria… después de un año deseándolo, ¡Por fin llegaba el momento tan esperado!


Fue una experiencia indescriptible. Estar en la gruta de Lourdes donde la Virgen se apareció a Bernardita, la joven de 14 años más pobre, analfabeta y enferma de Lourdes, evidencia quienes son “los favoritos” del Señor. No elige ni a los más sanos, ni a los más capacitados, ni a los más expertos, “enaltece a los humildes” y Bernardita es el claro ejemplo de esto. Ella misma lo escribe en su testamento espiritual “María, te doy las gracias porque si hubiese existido en la tierra un niño más ignorante y estúpido, tú lo hubieses elegido”. Y en ese mismo lugar estábamos nosotros. Con los ” Favoritos del Señor”, los enfermos. Nunca había experimentado lo que es “tocar el borde de Su manto” Y yo allí lo viví. En cada rostro de un enfermo, en cada mirada, en cada gesto, en cada sonrisa y en cada palabra estaba escondido Cristo vivo. Tocar a los enfermos era, por tanto, tocar el borde de Su manto… Y eso dice la canción favorita de David, un enfermo muy especial, quien no cesaba de cantarla mientras yo empujaba su silla de ruedas. Es cierto lo que decían mis amigos, no conozco otro lugar del que pueda decir que es un trocito de cielo, y no por ser el más bonito de los paisajes (que también) sino por el amor que se respira, el darse sin esperar nada a cambio, el lenguaje de la mirada…


Toda esta experiencia me hace ver que el Señor se hace el encontradizo con todos y aparece detrás de los gestos más simples como la invitación de un amigo, de la que se vale para llamarnos a cada uno. ¡Qué importante es dar testimonio de nuestra fe en la Universidad! Porque aunque no siempre sea fácil, así Dios puede darse a conocer a través de nosotros.


“¡No tengáis miedo!” Ya nos lo decía San Juan Pablo II.

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