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Desde los orígenes

Para mostrarte la bondad de tu herencia, de lo que tus padres te han trasmitido lo mejor es ir hacia atrás, a los orígenes de todo. Conociendo el principio se conoce mejor la naturaleza de las cosas. El peligro de esos jóvenes, y de todos los judíos de la diáspora en general, era, en ese tiempo, perder su identidad. Identificarse con el ambiente que los rodeaba y olvidar su propia riqueza. En esto no está lejos de nuestros tiempos. Así que recuerda de dónde vienes, y así sabrás mejor quién eres.


Podemos decir que el libro de la Sabiduría vuelve a los orígenes de tres modos distintos.

Volver a los orígenes es volver a los relatos de la Creación, especialmente a los tres primeros capítulos del Génesis. Allí empezó todo. Allí se explica quién eres tú, un ser humano, y qué son todas las demás criaturas que pueblan la tierra. Y cuál es la función de cada uno de ellos. Allí también se explica qué sucede cuando un hombre decide apartarse de su Creador, y cómo se comporta Dios ante un hijo suyo rebelde.


Pero volver a los orígenes es también volver a los orígenes de tu pueblo. Recuerda cuando tus padres vivían en Egipto, en esa misma tierra donde tú estás viviendo ahora. Recuerda todo lo que hizo el Señor contigo, Israel, cómo te sacó que aquí con brazo extendido y mano poderosa, y cómo trató a los egipcios encabezados por el Faraón cuando quisieron oponerse a su voluntad.


Y eso era muy actual en ese momento. Es el mismo lugar, un ambiente cultural aparentemente más elevado, un sistema político poderosísimo, una religión seguida por millones de personas. Y un mar que se cierra encima de todo ello.


Y, por último, volver a los orígenes es ir al principio de la Sabiduría en Israel. Al rey sabio. De la vida de Salomón conocemos muchas cosas. A nuestro autor sólo le interesan algunas de ellas.


En este libro aparece Salomón en una edad ya madura, pero no anciano. En la plenitud de su vigor, antes de corromper sus costumbres. Y en esta plenitud el rey recuerda el origen, cuando comenzó todo. Siendo un muchacho le tocó gobernar. Y él no sabía. Y pidió lo que verdaderamente necesitaba, la Sabiduría, y nada más. Y Dios se la dio. Y allí empieza todo.

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