«Una medida rebosante»: Mi primer Camino de Santiago
A finales del pasado mes de agosto, la Pastoral Universitaria realizó una peregrinación por el Camino de Santiago. Aunque es el tercer año que se ha organizado, ha sido mi primera experiencia de convivencia con otros miembros de la Pastoral y además la primera vez que realizaba el Camino.
Hicimos las cinco primeras etapas del Camino del Norte. Concretamente, la ruta comprendida entre las localidades de Irún y Guernica.
El 23 de agosto a las 8 de la mañana salimos un grupo de 29 peregrinos desde la parroquia de La Sagrada Familia de Molina. Éramos un grupo heterogéneo, en su mayoría jóvenes, pero también tuvimos cabida adultos y familias, contando con el padre D. Daniel Aparicio, a la cabeza. Tras una jornada completa de viaje, llegamos a nuestro destino en Irún donde celebramos una Eucaristía y pusimos en manos de Dios nuestras experiencias y esperanzas para este Camino que estaba a punto de iniciarse.
Amaneció el 24 de agosto, primer día de nuestro Camino (¡cuánto habíamos esperado este momento!). Todas las jornadas tuvieron una misma rutina: nos levantábamos bien temprano (¡a las 6 de la mañana!) y juntos rezábamos Laudes. A continuación, desayunábamos, cargábamos nuestro equipaje en las furgonetas y nos echábamos al hombro una pequeña mochila con la comida y todo aquello que pudiéramos necesitar para la jornada (impermeable, gorra, crema para el sol…) Antes de las ocho ya estábamos en ruta. Calzadas empedradas, senderos boscosos, subidas y bajadas, praderas, caseríos, playas y acantilados, rutas de entre 25 y 30 km con desniveles acumulados considerables.… Una estampa magnífica donde cada día superaba al anterior.

Entre las 4 y las 7 de la tarde íbamos llegando escalonadamente a nuestro destino, en función del ritmo de cada uno, de las paradas que necesitara, de las pausas de hidratación (o de manzanéisbol), de las fotos o de tantas otras cosas. Eso sí, ningún peregrino quedó a su suerte en el Camino, compartirlo lo transformó en una experiencia hermosa y llena de sentido.
Después de la larga jornada de caminata tocaba ducha y cuidados, especialmente para aquellos que sufrieron las consecuencias de las ampollas, las principales enemigas del peregrino. A continuación, la cena y un rato de catequesis (muchas gracias Agustín, Lisa, Lola y Abel por vuestro compromiso y testimonio del Amor de Cristo, habéis sido una bendición en este Camino). La Eucaristía diaria también fue piedra angular, como no podía ser de otra manera. ¡Qué hermoso poder acabar el día celebrándola juntos en comunidad y agradeciendo al Señor por tanto!
Irún, San Sebastián, Orio, Zarautz, Guetaria, Zumaia, Deba, Mutriku, Markina-Xemein, Munitibar, Guernica… han visto peregrinar a la Pastoral Universitaria con gran entusiasmo, desafiando al cansancio, a la lluvia y a cualquier contratiempo.
Hace pocos días que regresamos a Murcia. Afortunadamente, no me ha costado recuperarme físicamente, el Camino no me ha resultado tan duro como llegué a temer. Por el contrario, debo reconocer que me ha costado más reponerme emocionalmente. En este sentido, el Camino sí que ha sido mucho más intenso de lo que esperaba...
Desde mi regreso ha estado resonando en mi interior Dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante (Lucas 6:38), porque esa es exactamente la experiencia que he vivido. Tenía muchas esperanzas puestas en este Camino, pero todas ellas estaban enfocadas en acompañar a mi hijo Miguel, para facilitar que él pudiera vivir esta experiencia única. No sospechaba que lo Dios tenía preparado para mí.
He percibido con nitidez cómo Dios me había llevado hasta allí para ser testigo directo de su inmenso Amor. ¡Cuánta gente buena y hermosa! ¡Cuánta fortaleza en tantas vidas sufrientes! ¡Cuánta Gracia y cuánto Amor desbordante! Gracias, Señor.
He sentido a todos y cada uno los miembros de este grupo de peregrinos como instrumentos vivos del Amor de Dios, canales a través de los cuales fluía Su Amor sin impedimentos. En Dios vivimos, nos movemos y existimos (Hechos 17:28). Dios ha sido Presencia Real en este Camino. ¡Qué regalo tan hermoso habernos conocido y haber compartido nuestras vidas durante estos días como una verdadera familia!
Gracias de corazón a la Pastoral Universitaria por la oportunidad que me ha brindado de poder participar en este Camino junto a mi hijo Miguel. Gracias también a todos los organizadores que lo han hecho posible, especialmente a Guillermo y a Lola, por tanta dedicación y cariño. Un fuerte abrazo.




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