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Diálogos Ciencia-Fe

Las ciencias experimentales (física, química, biología, etc.) gozan de un prestigio social  innegable, tanto por llevar asociada la imagen de conocimientos rigurosos como por la  utilidad que aportan. Así, los logros tecnológicos, como aplicación de la ciencia a campos  de interés práctico (tales como la ingeniería y la medicina), contribuyen a aumentar la  confianza en la potencialidad del conocimiento científico. La estima por la ciencia puede  llegar incluso a una mitificación de ésta, aceptando a veces de manera acrítica resultados  parciales, o extrapolando los hallazgos a campos que no le son propios. En este mismo  contexto, no es extraño que se pongan en tela de juicio la validez, objetividad o  universalidad de los otros tipos de conocimiento, y esta valoración afecta con cierta  frecuencia a la filosofía y a la teología.


La publicación de varios libros de gran tirada ha vuelto a poner en la palestra el diálogo  entre ciencia y fe, presentando la ciencia como un camino para la fe.1️⃣2️⃣ Los datos que  presentan estos libros no son nuevos, pero, más allá del título (muy comercial aunque poco preciso), tienen el mérito de presentar de forma clara y relativamente sencilla cómo  los resultados de la ciencia se entienden mejor si se admite la existencia de Dios.


El diálogo entre ciencia y fe cobra una importancia especial en la situación de primer  anuncio del Evangelio en la que nos encontramos, que tiene analogías con la de los  cristianos de los primeros siglos. Como señalaba san Juan Pablo II en Fides et Ratio: “Los  primeros cristianos, para hacerse comprender por los paganos, no podían referirse sólo a  ‘Moisés y los profetas’; debían también apoyarse en el conocimiento natural de Dios y en  la voz de la conciencia moral de cada hombre”.3️⃣ Y, como apunta Javier Sánchez  Cañizares, no se trata de quitar importancia o protagonismo a la iniciativa de Dios en la  conversión de los corazones. Se trata de entender que la eventual acción eficaz del  Espíritu Santo en las almas necesita que estas comprendan lo que se les está proponiendo.  Para ello, el Evangelio anunciado debe entrar en diálogo con el sustrato científico-técnico  del hombre actual, aceptando aquello que es verdadero y bueno y colaborando con él en  una visión más completa del mundo y del ser humano.4️⃣


La ciencia, su método y sus límites 


Las ciencias empíricas requieren fenómenos experimentables y reproducibles, susceptibles de ser expresados de manera objetiva y, preferiblemente, cuantitativa. A partir de las observaciones experimentales se formularán posibles explicaciones, llamadas  hipótesis, de las cuales se deducirán consecuencias y se harán predicciones concretas.  Cuando las predicciones son cuantificables se expresan con fórmulas matemáticas. Las  predicciones deben poder ser contrastadas con nuevos datos experimentales. De esta  forma se va comprobando la validez de las hipótesis. Si los experimentos no concuerdan  con las predicciones hay que depurar las hipótesis, actualizándolas por otras que sean capaces de explicar todos los datos disponibles. Se establecen así conexiones y  explicaciones que hacen inteligibles los datos. Las teorías son más ciertas cuantos más  datos engloban y predicen. Este método ha dado lugar a un espectacular avance en  múltiples áreas de conocimiento, estableciendo disciplinas científicas universalmente  aceptadas, capaces de explicar multitud de datos.


No obstante, los límites de la ciencia vienen impuestos por la misma metodología que es  la clave de su éxito. Por un lado, cada disciplina científica restringe su campo a una determinada dimensión de la realidad y a ella ajusta sus procedimientos. Por otro lado, quedará fuera de su ámbito de aplicación todo lo que no se pueda ceñir al método arriba  descrito, de modo que también quedarán fuera de su área las preguntas sobre la finalidad  y el sentido último de lo observado. Estas preguntas serían propias de la filosofía de la  ciencia, que reflexionará sobre la ciencia y sus resultados, pero que usa un método  diferente del arriba descrito.


El cientificismo es la corriente de pensamiento que no reconoce los límites mencionados,  sino que afirma que la única forma de conocimiento válida es el conocimiento científico e, incluso, un paso más allá, sostiene que solo existe aquello que puede ser conocido  mediante el método científico.5️⃣ En un célebre debate, el cientificista Richard Dawkins comenzaba su discurso diciendo que lo que le llevó a centrarse en la ciencia fue su interés  por comprender por qué existe el universo, por qué existe la vida y por qué existe el ser  humano.6️⃣ Con estas premisas se comprende que, al centrar en la materia su búsqueda de  sentido, solo encontrara respuestas materiales. Sin embargo, las ciencias naturales en sí  mismas no son un apoyo al materialismo. Al estudiar sólo la materia no afirman, ni pueden  afirmar, que únicamente exista ésta, pues esto se sale de su campo de conocimiento.


Algunos cientificistas dan todavía otro paso y presentan a las religiones como antagonistas de la ciencia, pues tendrían el mismo objetivo que ésta (dar una explicación  global del mundo), pero serían falsas por no ser científicas y serían responsables de  muchos de los males de la humanidad. 


Espacios para el de diálogo 


En la base del supuesto antagonismo entre ciencia y religión que postula el cientificismo hay una confusión sobre los métodos y el objeto de ambas. Dios no puede ser estudiado  mediante ensayos científicos, ni la ciencia es capaz de dar respuesta a las preguntas  últimas, ni es misión de la religión sustituir al conocimiento científico en ámbitos propios  de este.

 

Pero tampoco parece válida la postura intelectual según la cual las áreas de conocimiento de la ciencia y de la religión no se solapan en absoluto, de modo que podrían sostener sin  conflicto afirmaciones aparentemente contradictorias. Este planteamiento o bien sería  relativista (y en realidad nada sería verdad) o bien equipararía a la religión a un relato  mítico que no tendría que ver con el mundo real. Asumir esta postura supondría una  fractura interna para el científico creyente. El enfoque adecuado sería respetar la  autonomía de la ciencia y de la religión en cuanto a su método, y poner en diálogo las  afirmaciones de ambas que se refieran a aspectos comunes.5️⃣ Repasemos brevemente  algunos.


La astronomía señala que el universo tiene un origen y que este ocurrió hace unos 13700  millones de años. La Física no puede ir más allá, ya que en ella no tiene sentido la pregunta  “¿qué había antes?”, pues no había “antes”. Sin embargo, fuera de la Física es legítima (y  necesaria) la pregunta de por qué existe un universo que podría no existir, lo cual se  asemeja a la 3ª vía de santo Tomás. Es cierto que el origen del universo no implica  necesariamente el concepto de creación, pero, de hecho, la resistencia que opusieron algunos famosos astrofísicos del siglo XX para aceptar que el universo tuvo un inicio  estuvo asociada a que les parecía que el que el universo tuviera un comienzo se asemejaba  mucho a la idea de creación.


Además, la ciencia nos dice que, si las constantes fundamentales de la física hubieran tomado valores ligeramente diferentes de los que tienen, sería imposible que hubiera estructuras astronómicas y que hubiera variedad de elementos químicos, por lo que, entre  otras muchas consecuencias, el universo no sería propicio para el desarrollo de la vida. Y  no es menos sorprendente que el universo sea comprensible, de forma que la Física  descubra en todo patrones lógicos matematizables. Tanto el “ajuste fino” de las constantes  de la física como la racionalidad del universo suscitan un asombro que, sin ser una  demostración, evocan una finalidad. 


La Teoría Sintética de la Evolución constituye hoy un edificio bien establecido que aúna resultados de diversas áreas (paleontología, genética y otras) y que da cuenta de la evolución de los seres vivos. Sin embargo, esta teoría es interpretada con cierta frecuencia  en una clave materialista, excluyendo así la necesidad de Dios y su existencia. Ya en 1868,  John Henri Newman reflexionaba: “No me parece que se niegue la creación por el hecho  de que el Creador hace millones de años impusiera leyes a la materia. La teoría del señor  Darwin no debe ser necesariamente atea, sea cierta o no; puede sencillamente estar  sugiriendo una idea más amplia de Divina Presciencia y Capacidad”.7️⃣ 


La aparición del hombre, como caso particular del origen de las especies, remite a la cuestión antropológica: ¿quién somos? ¿de dónde venimos? La fe cristiana, reconociendo  que no es su misión señalar el “cómo”, está llamada a dar luz sobre la identidad y dignidad  humana, no arrojada a la existencia por azar. El concepto de pecado original ofrece una  explicación al comportamiento ambivalente del hombre y a su necesidad de salvación,  pero no está claro cómo compaginar el comienzo de este estado de caída con un “cuándo”  y un “dónde” compatible con los datos de la paleoantropología. También en relación con  el ser humano, los avances en la neurología aportan información sobre la relación mente cerebro y sobre la libertad humana, e invitan a una mejor comprensión del concepto del  alma.

  

Además de estos puntos de diálogo ciencia-fe en la búsqueda de la verdad, son también  relevantes los puntos de cooperación en la búsqueda del bien. Un sacerdote amigo me  comentaba que dialogando con un joven éste le espetó: “Vale, supongamos que Dios  existe ¿Y a mí qué? ¿Qué me aporta?”. El descubrir lo que la aceptación de la existencia  de Dios puede aportar a mi vida y a la sociedad no es una prueba de dicha existencia, pero  sí es un motivo para que la pregunta sea relevante para el que recibe el mensaje. Por otro  lado, la intuición no demostrada de que verdad y bien van juntos puede aportar indicios  sobre la realidad de Dios al observar los beneficios que aporta el reconocimiento de la  existencia de un Creador. Así, numerosos estudios recientes han puesto de manifiesto el  efecto positivo de la fe cristiana sobre la salud psíquica y somática. Por otro lado, la fe  cristiana ofrece a la ciencia una base para la fundamentación de la ética de la investigación y de la bioética, y puede ayudar a establecer un marco adecuado para el desarrollo  sostenible sin ver al ser humano como un enemigo del medio ambiente.

 

Algunas conclusiones


En el diálogo ciencia-fe, la ciencia contribuye con un conocimiento más exacto de la naturaleza y del ser humano, suscitando un asombro más fundamentado por la maravilla  del mundo. La Iglesia católica afirma que el hombre, por su sola razón, puede llegar a  conocer la existencia de Dios.8️⃣ Afirma, por tanto, que la razón, y por tanto también la  ciencia, es un camino válido para conocer a Dios y para ayudar a otros a llegar a Él. Lo  cual no equivale a afirmar que este camino sea fácil ni que, por la sola razón, se pueda  llegar a conocer todo sobre Dios. Aunque refuerce una convicción firme y fundada de la  existencia de Dios, no sería exacto hablar de “pruebas científicas”, sino más bien de  “vías”. La existencia de un Dios creador no es tan evidente que quite la libertad del  hombre para aceptarlo o no, ni tan oscura que sea preciso ser un erudito para descubrirla.

 

Por su parte, la fe cristiana aporta la afirmación de la existencia de verdades objetivas y que es posible llegar, aunque sea de manera imperfecta, al conocimiento de la verdad. Garantiza así el clima intelectual que hace posible el desarrollo de una ciencia comprometida con la verdad y apoya su fundamentación ética. La fe no ofrece soluciones  para la investigación científica como tal; pero anima al científico a proseguir su  investigación sabiendo que en la naturaleza se encuentra la obra del Creador. 


En particular, el científico creyente está llamado a hacer de su propia vida una síntesis entre fe y ciencia. Será un intérprete cualificado en el diálogo ciencia-fe pues, como un “nativo bilingüe”, hablará ambas sin acento. Afrontará con serenidad los aparentes conflictos ciencia-fe, ya que en su labor cotidiana está entrenado a abordar los conflictos  ciencia-ciencia (cada publicación científica que corrige o matiza a la anterior no deja de  ser un pequeño conflicto). Su labor científica será una afirmación del valor de las  realidades temporales en sí mismas, sin necesidad de que su tema de investigación tenga  valor apologético. Vivirá la búsqueda de la verdad como una vocación y un servicio, con  honestidad metodológica, rigor intelectual y apertura a la trascendencia.


Hombres de ciencia, como el genetista Jérôme Lejeune, en proceso de beatificación, o el  sacerdote y físico George Lemaître, uno de los padres de la Teoría del “Big Bang”, son  ejemplos iluminadores de esta síntesis. En palabras de Lemaître: “Me interesaba la verdad  desde el punto de vista de la salvación y desde el punto de vista de la certeza científica.  Me parecía que los dos caminos conducen a la verdad, y decidí seguir ambos. Nada en mi  vida profesional, ni en lo que he encontrado en la ciencia y en la religión, me ha hecho nunca cambiar de opinión”.9️⃣


 

1️⃣ Bolloré, M. Y.; Bonnassies, O. (2023). Dios, la ciencia, las pruebas. Funambulista.

2️⃣ González-Hurtado, J. C. (2023). Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios. Voz de Papel.

3️⃣ Juan Pablo II (1998). Fides et Ratio. 

4️⃣ Sánchez-Cañizares, J. (2023). La purificación de las representaciones en el diálogo entre ciencia y fe. Estudios filosóficos, 72, 49. 

5️⃣ Marcos, A. (2023). Religión y ciencia: relaciones en un espacio complejo. Estudios Filosóficos, 72, 33.

6️⃣ Dawkins, R.; Lennox, J. (2007). The God Delusion Debate. Disponible en Youtube.

7️⃣ Newman, J. H. (1868), Carta a J. Walker. 

8️⃣ Vaticano I (1870), Filius-Dei. 

9️⃣ Aikman, D. (1933). Lemaître follows two paths to truth, The New York Times Magazine,19 Febr.


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