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Sobre la felicidad

Es el tema de la felicidad uno de los que más ha preocupado y sigue preocupando al ser humano.


A poco que uno mire a su alrededor descubre los cantos de sirena con los que quieren embaucarnos y vendernos la felicidad a golpe de tarjeta de crédito, y es que para esta sociedad nuestra, en la que prima el tener frente al ser, cuanto mayor es el consumo mayor es la felicidad.


También podemos observar a hombres y mujeres que se afanan a lo largo de su vida por trabajar con el objetivo de acumular, convencidos de que lo importante es el dinero, y cuantos después se han lamentado porque en el camino han ido dejando familia, amigos… Y es que ya lo dice el Evangelio: “Donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón”.


Cuánta gente busca la felicidad en la fama, el prestigio, el sexo, la carrera profesional, la diversión, el poder, la admiración de los demás… Las redes sociales están plagadas de sonrisas que intentan mostrar una felicidad que muchas veces sinceramente, huele a falsedad, a vidas un tanto huecas, vacías, sin sentido. Y es que, constatamos que realmente la felicidad no depende de todo esto, porque hay personas que lo tienen “todo” para ser felices pero están muy lejos de conseguirlo. Muchos terminan convirtiéndose en víctimas de adicciones de todo tipo, de la soledad, e incluso algunos acaban en suicidio.


Está claro que hay dos formas muy diferentes de orientar la vida, y en definitiva de buscar la felicidad, la que hemos visto hasta ahora, es decir, la de aquellos que se plantean la vida centrándose en ellos mismos y convirtiéndose en el centro de todo. Éstos nunca se sacian, caen en la permanente insatisfacción, ni todo el oro del mundo, ni el poder, ni la gloria, son capaces de llenar ese ego. En contraposición a éstos, está la de aquellos que entienden su vida desde la empatía, la solidaridad y el amor al otro. Cuanto mayor es la entrega, cuanto más se da uno a los demás, mayor es la felicidad. Es curioso que Jesús de Nazaret hace más de 2000 años nos lo anunciara, no solo con palabras sino con hechos.


El mayor tesoro que uno puede encontrar en esta vida es vivirla con sentido, en profundidad, volcándose en procurar el bien de los demás, y la felicidad realmente vendrá por añadidura.

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